¿Para qué sirve el trabajo con las Escenas Matrices?


El trabajo profundo, lento y paulatino que llevamos a cabo quienes atendemos desde la Mirada de las Escenas Matrices sirve para disolver lentamente (y nunca del todo) las interferencias entre la Vida y nosotros mismos.

Llamamos interferencias a aquel dolor proveniente de las heridas infantiles que aún no hemos podido sanar y que aparece, de diferentes maneras, en situaciones de nuestra vida actual.

Como sabemos, estas escenas actuales en las cuales algo (o mucho) del dolor vuelve a aparecer de alguna manera, las llamamos Escenas Copia. Y son copia, justamente, de aquellas Escenas Matrices (de nuestra infancia o adolescencia) que han provocado heridas que aún no están sanadas.

A medida que, con el trabajo con las Escenas Matrices, vamos sanando aquellas heridas, las Escenas Copia van dejando de aparecer hasta que, finalmente, simplemente no vuelven a hacerse presente en nuestra vida cotidiana. Para decirlo de otra manera (y quizá más poética), a medida que ese Niño/a que fui y que ha sido herido va siendo visto y sanado no necesita volver a armar una y otra vez escenas similares (copia) en nuestra vida actual para ser visto y simplemente deja de necesitar hacerlo.

¿Para qué no sirve el trabajo con Escenas Matrices?

Ahora bien, esto no quiere decir que el trabajo con las Escenas Matrices impida el dolor propio de la Vida.

Porque hay un dolor en el vivir. La Vida es como es, no como nosotros quisiéramos. Y, quizá, este es uno de los aprendizajes más complejos para nosotros, los pequeños seres humanos que somos.

Y cuando me refiero a la Vida, incluyo en esta idea no sólo aquello más grande que nosotros y cuya verdad finalmente nos excede y desconocemos sino también al otro. El otro que, individual y socialmente nos excede y no podemos determinar y controlar y ni siquiera podemos conocer. Como tampoco podemos conocernos total y definitivamente a nosotros mismos.

Así, el trabajo con las Escenas Matrices nos ayuda a ser humildes. Entendiendo por humildad la posibilidad de hacer aquello que está en nosotros para poder disolver lenta y nunca definitivamente nuestras propias heridas y habitar la pequeñez que innegociablemente tenemos en la relación con la Vida y con el otro.

Por eso, a la pregunta "¿qué aporto yo para que ocurra esto que ocurre?" habrá que agregar otra, y es "¿qué no aporto yo para que ocurra esto que ocurre? y qué haré con esto.

Asumiendo con amor y responsabilidad aquello que la Vida me pide con relación a esto que ocurre.

¿Se trata de una tarea fácil?

Fácil o difícil muchas veces tiene más que ver con lo que pensamos que la vida debería ser que con lo que realmente es.