Más allá de ser seres deseantes


¿Qué somos en definitiva?

¿Cuál es, en última instancia, el movimiento que incluye el resto de los movimientos?

¿Qué es, en definitiva, ese niño que hemos sido y a quien nos debemos?

Estas preguntas (y muchas otras) rondan en mí desde siempre. Y no son, para mí menores.

Mi vocación de ayuda (a mí mismo y al otro) me interpela a cada momento. Y esta vocación no está separada de mi intento de comprender con la mayor profundidad posible al ser humano sino más bien todo lo contrario ya que considero que la comprensión de la esencia humana está intrínsicamente ligada a la posibilidad de ayuda al sujeto.

Por supuesto, esta intensión de comprensión primero y ayuda luego comienza por mí mismo siendo yo mismo a la vez quien mira y quien es mirado intentando en este juego habitar la hondura de mis propias heridas y dobleces.

En este sentido, desde hace muchos años pienso que el Niño es, en última instancia, un ser deseante.

Así lo he expuesto muchas veces en clases, cursos y escritos:

"En el origen, el Ejecutante es el Niño. ¿En qué sentido? En el sentido de que, en esencia el Niño es un ser deseante y necesitante que, si vive en un ambiente propicio para él, tarde o temprano se dirige hacia aquello que desea y necesita."[1]

Como podrá observarse esta definición que, insisto, he repetido de diferentes maneras en clases, cursos, talleres y sesiones identifica al Niño con el Ejecutante (la introyección de ese Niño en el psiquismo) y define a este Niño/Ejecutante como un ser deseante. Así, como queda claro en la definición, el Niño desea/necesita y esto es lo que lo constituye en su profundidad más honda; para decirlo en otras palabras: La esencia del Niño es desear/necesitar, entendiendo por desear el amar a algo que aún no se ha obtenido.

Esta idea parte de la base de la necesidad del crecimiento hacia la salud. Es decir, se piensa en un Niño que tiene un movimiento esencial hacia la salud y que es este movimiento lo que lo constituye en el sentido más profundo y esencial.

Consecuentemente con esto, el Padre/Madre en su versión más saludable es aquel que ayuda al Niño en este movimiento esencial hacia aquello que desea/ama/necesita para, así dar un paso más en su proceso de crecimiento.

Quienes me conocen me habrán escuchado varias veces decir: Ser Padre/Madre es ayudar al Niño a dar el próximo paso en el proceso de crecimiento. Lo mismo, aunque lógicamente en otro sentido, implica el ser terapeuta.

Más allá del Desear/Amar

Sin embargo, y sin estar en contra de lo expuesto anteriormente, debo decir que esto no es verdaderamente así. O, mejor dicho, no es en última instancia así.

¿No es verdad que el Niño se dirige, digámoslo así, naturalmente hacia su deseo/amor/necesidad si vive en un ambiente propicio para él y que este deseo/amor/necesidad son siempre sinónimos de crecimiento saludable?

Sí, es verdad.

¿No es verdad que el Padre/Madre en su versión más saludable sea aquel que ayuda al Niño en este movimiento esencial hacia aquello que desea/ama/necesita para dar un paso más en su proceso de crecimiento?

Sí, es verdad.

Lo que no es verdad es que esto sea lo que constituye al Niño en su profundidad más honda, o, dicho de otra manera, en su esencia más profunda en tanto ser humano.

Y no es verdad, porque antes de todo, antes de ser un ser deseante/amante, el niño es un ser deseado. Deseado, amado y anhelado por los padres.

Un ser amado por los padres antes de nacer. Un ser amado por los padres antes de ser. Un ser que consigue ser porque es amado por los padres.

He señalado esto mismo en el mismo texto citado anteriormente, "Si hay una persona es porque hubo padres que lo amaron. En este sentido todo sujeto es fruto del Amor y el sujeto mismo es la confirmación de ese Amor que le dio el ser."[2]

En este sentido, podríamos decir que el ser deseado/amado es ontológicamente anterior al ser deseante aunque en el niño lo primero que se observa es esto último mientras que lo anterior hay que presuponerlo.

Esta diferencia en la manera de pensar al niño y, consecuentemente, al sujeto nos permite una diferencia también en el objetivo último del movimiento sanador. Y esto es así porque, si pensamos al sujeto como un ser básicamente deseante/amante, el movimiento último sería el de acercarlo a la concreción de sus deseos más profundos. Sin embargo, si pensamos al sujeto como un ser básicamente deseado/amado, el movimiento último tiene que ver con ayudarlo a abrirse a ese amor. Ese amor que, en la dimensión humana es el amor (consciente o inconsciente) de los padres que le permitió nacer y, en la dimensión espiritual es el amor (o Amor) de la Vida que, al amarlo a través del amor de los padres, le posibilitó nacer y, que a cada momento, le posibilita ser.

Esto nos permite dar una mayor comprensión a un movimiento que muchas veces llevamos a cabo en el proceso de sanación y crecimiento de nuestros pacientes y que se ve, fundamentalmente, en el campo en los Talleres de Escenas Matrices: El movimiento de "estar con" el Nene/a antes de intentar "hacerlo crecer" (lo cual constituye siempre en definitiva un intento de cambio).

Por eso decimos que la última instancia de la ayuda no es ayudar sino estar, estar con el Niño; entendiendo, como decía Roger que toda herida fundamental del sujeto tiene que ver con no haber sido querido tal cual es y que, por ello, la aceptación incondicional del terapeuta tiene un efecto profundamente sanador en el sujeto.

Seres amados más que seres amantes

Sin embargo, esto no es lo último ya que lo último no se da en nuestra relación con el paciente sino en nuestra relación con nosotros mismos.

Así, al comprender que en lo más profundo de nosotros somos seres deseados/amados más que seres deseantes/amantes, comprendemos también que nuestro último destino no es acceder a nuestros deseos, por más que estos sean cada vez más profundos, genuinos y vinculados con nuestra esencia amorosa sino poder abrirnos cada vez un poco más a habitar el Amor que hemos recibido y por el cual estamos aquí y el que recibimos a cada momento y por el cual seguimos estando aquí.

Esto nos abre a su vez a un retorno a la pequeñez esencial que todo sujeto trae consigo permitiéndonos paulatinamente ser cada vez más pequeños, abiertos y receptivos cosa que no ocurriría si nos pensáramos en última instancia como ser deseantes/amantes ya que esto nos llevaría a intentar acceder cada vez más a aquello que deseamos y, por lo tanto a ser cada vez más grandes, fuertes y potentes.

Ahora bien ¿quiere decir esto que debemos renunciar a nuestros deseos porque, en definitiva, somos seres deseados/amados más que seres deseantes/amantes?

Evidentemente no.

Porque el camino de retorno es, justamente de retorno. Y debemos pasar paulatinamente por cada paso para regresar un paso más atrás y más profundamente hondo.

Dicho de otra manera, necesitamos poder darnos aquello que deseamos/amamos (darle a ese Niño que fui y que hoy se encuentra en mi interior aquello que desea/ama) para, a medida que lo vamos haciendo, poder comprender que hay una búsqueda que no tiene que ver con acceder a lo que deseamos/amamos sino con retornar a aquel estado de ser amado por la Vida que existe en nosotros antes de ser nosotros y a cada momento hoy.

Y aquí el peligro, el peligro de bypass espiritual, tal como señala Welwood: El no hacernos cargo de nuestras heridas y deseos e intentar un "abrirnos" a la Vida que es más un movimiento de huida que una apertura verdadera y esencial.

Sin embargo, cuando esto no ocurre, cuando ayudamos verdaderamente a este Niño que se encuentra en nuestro interior a acceder a aquello que desea/ama y, posteriormente (aunque lo temporal es aquí siempre un problema) lo ayudamos a abrirse a la Vida abriéndonos nosotros mismos a ella, un retorno a lo primero pero desde una conciencia adulta va emergiendo en nosotros. Sin intentos vanos de paz para siempre ni beatitud alejada de lo real sino como una sensación de gratitud y viaje y mecer y ser mecido.

Una sensación de adultez y pequeñez simultánea, compleja e imposible de explicar con palabras que emerge y nos toma y nos lleva hacia el próximo paso del viaje, un poco más profundo y hondo cada vez.


[1] M.Weintraub – Sanando al niño que fui. El Aleph 2018

[2] M.Weintraub – Sanando al niño que fui. El Aleph 2018